Al principio de mi carrera, dirig┴ equipos de marketing digital en American Express, una empresa cuya misi┏n siempre ha estado basada en el servicio y en experiencia del cliente. En esa organizaci┏n, aprend┴ muy r│pidamente que el marketing y el servicio no son funciones independientes. Est│n indisolublemente unidas.
Cuando gestion│bamos experiencias web de gran volumen en Amex, el objetivo principal de mi equipo siempre ten┴a dos vertientes: mejorar el recorrido digital del cliente y, al mismo tiempo, reducir de forma proactiva su necesidad de llamar al servicio de atenci┏n al cliente. Cada punto de fricci┏n conllevaba un coste operativo directo y ten┴a un impacto directo en la percepci┏n que los clientes ten┴an de la marca.
Tuve la oportunidad de presenciar de primera mano una realidad que a muchos l┴deres empresariales a┣n les cuesta poner en pr│ctica: una campa?a de marketing costosa y brillantemente dise?ada puede desmoronarse en el instante en que un cliente se encuentra con una experiencia digital deficiente. Y esa frustraci┏n digital no se queda ah┴. Comienza como una queja, aumenta el volumen de llamadas y, en algunos casos, le hace perder al cliente para siempre. Y, con demasiada frecuencia, los profesionales del marketing carecen de la visibilidad necesaria para identificar cu│les son siquiera esos puntos d└biles digitales.
Como responsables de marketing, debemos reconocer una dura realidad: el ? experiencia del cliente ? ya forma parte de nuestro trabajo, aunque nuestros organigramas indiquen lo contrario. Cada campa?a que lanzamos es un evento ? experiencia del cliente ? y supone una promesa de marca. Y en el momento en que un cliente interact┣a con nuestra p│gina web, esa promesa se convierte en algo que debe experimentar de primera mano !ya sea en una aplicaci┏n, en un proceso de pago o en una experiencia de autoservicio inconexa!. Si se produce un fallo en el traspaso, la confianza en la marca se resquebraja con └l. La experiencia no es solo el objetivo del equipo de experiencia del cliente (CX), sino la base sobre la que se asientan todos los resultados. Y es as┴ como se gana o se pierde silenciosamente la fidelidad a la marca.
Los clientes no perciben a una empresa departamento por departamento ni sistema por sistema. Lo que perciben es un recorrido continuo. El mismo cliente que hoy se maravilla ante una experiencia impecable con una aplicaci┏n podr┴a tener ma?ana una llamada frustrante al servicio de atenci┏n al cliente de la misma empresa. Y recordar│ ambas situaciones como parte de la marca.
Sin embargo, en muchas organizaciones, el marketing y la experiencia del cliente (CX) operan en mundos distintos, lo que supone un riesgo estrat└gico cada vez mayor. El director general de 滅伉圻幹, Mark Bishof, ha se?alado recientemente que toda la disciplina de la experiencia del cliente ( gesti┏n de experiencias ) se est│ redefiniendo. No obstante, la mayor┴a de las empresas a┣n no se han puesto al d┴a, y el motivo es estructural: cada canal recoge sus propios comentarios y los retiene en su propio sistema, por lo que nadie acaba teniendo una visi┏n completa de lo que el cliente ha vivido realmente en el conjunto de la empresa.
Hoy en d┴a, los equipos de CX y de atenci┏n al cliente se preguntan: ??Qu└ acaba de experimentar el cliente y por qu└ nos llama??. Por su parte, los equipos de marketing suelen preguntarse: ??Qu└ podemos dise?ar para que compren algo m│s??. Cuando estos dos equipos trabajan de forma aislada, no se abordan los problemas de fricci┏n digital, lo que aumenta el coste del servicio en el contact center, al tiempo que erosiona silenciosamente el valor de la marca. El equipo de experiencia del cliente identifica los fallos a posteriori, mientras que el de marketing sigue lanzando campa?as que hacen promesas que la experiencia digital no puede cumplir.
Esa brecha constituye el hilo conductor entre la experiencia digital, gesti┏n de experiencias y el marketing. Y es una brecha que los responsables de marketing y de la experiencia del cliente (CX) est│n en una posici┏n ┣nica para cerrar juntos.
Todos los equipos de marketing que conozco ya han creado s┏lidos sistemas de registro: CRM, CDP y plataformas de automatizaci┏n de marketing. No nos faltan datos ni herramientas. Lo que nos falta es capacidad de an│lisis. Saber que una p│gina ha recibido mil visitas no le dice pr│cticamente nada. Saber d┏nde dudaron esas mil personas, qu└ les atrajo y en qu└ momento, frustrados, acabaron llamando al servicio de atenci┏n al cliente: eso s┴ que le revela lo que realmente est│ ocurriendo con su marca. Esa es la diferencia entre contar clientes y verlos.
Esa resoluci┏n surge al conectar tres aspectos que la mayor┴a de nosotros seguimos manteniendo en sistemas separados: lo que hace un cliente, lo que dice y por qu└ se pone en contacto con nosotros. Su comportamiento digital, sus comentarios y el motivo por el que acaba llamando por tel└fono suelen estar a cargo de tres equipos diferentes que consultan tres pantallas distintas. Por separado, cada uno de ellos es un fragmento. Si se analizan en conjunto, constituyen el primer relato fidedigno de lo que un cliente ha vivido realmente !y de la brecha entre la promesa que le hicimos y la experiencia que obtuvo!. Ese relato coherente es lo que realmente constituye el contexto: no datos sobre un cliente, sino la historia de uno.
Es aqu┴ donde algunas marcas est│n tomando ventaja discretamente. No se trata de qui└n tiene m│s datos !todos disponemos de abundantes datos!, sino de qui└n es capaz de convertir esos datos y el contexto que los sustenta en informaci┏n ┣til sobre la que actuar mientras a┣n sea relevante. Esto implica sustituir el informe trimestral est│tico por una visi┏n en tiempo real de los puntos en los que se interrumpen los recorridos, de modo que se solucione un punto de fricci┏n mientras el cliente a┣n est│ con usted, y no se diagnostique tres meses despu└s de que se haya marchado. Y pronto no ser│n solo sus equipos los que necesiten esa visi┏n; los agentes de IA que est│n empezando a gestionar interacciones reales con los clientes necesitar│n esa misma visi┏n en tiempo real para actuar en su nombre.
Las marcas que est│n tomando la delantera en la actualidad no est│n haciendo nada complejo para que esto sea una realidad. Est│n llevando a cabo tres cambios met┏dicos, que usted tambi└n puede empezar a aplicar hoy mismo:
La experiencia digital y el marketing son dos puntos de acceso a una misma promesa de marca. Cuando el contexto en tiempo real a┣na lo que el cliente hace, dice y necesita, cada punto de fricci┏n resuelto contribuye a reducir los costes de servicio, y cada promesa cumplida se traduce en un crecimiento predecible. Hoy en d┴a ya existe la capacidad de salvar esta brecha.
La ┣nica pregunta que les queda a los l┴deres es si su organizaci┏n crear│ esa base conectada o si se limitar│ a ver c┏mo la crean primero sus competidores.
?
?
?